El Mundo Animado: Una entrevista con Patrick Harpur

Patrick Harpur autor de hasta el momento cinco novelas: The Serpent’s Circle, The Rapture, The Savoy Truffle, The Good People y The Stormy Petrel (ninguna editada en español), y de un libro de culto: un diario alquímico moderno titulado Mercurius o el matrimonio del Cielo y la Tierra. En el campo ensayístico ha encontrado un mayor eco internacional con la publicación de Realidad Daimónica, El Fuego Secreto de los Filósofos y La Tradición Oculta del Alma, todos publicados en español por la editorial Atalanta.

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Gyrus: La triple separación de «cuerpo, alma y espíritu», que es distinta al modelo común de nuestra cultura mente/cuerpo, pareciese ser el punto central en su trabajo. ¿Podría hacer un breve esbozo de ello y contarnos cómo siente que el “alma” se ha tergiversado o malinterpretado o simplemente perdido con el tiempo?

Patrick: ¡Empezaste con la pregunta más complicada de responder! Acabo de anotar 14 maneras distintas en que la palabra «alma» se puede utilizar, y desde luego hay muchas más. Es imposible definirla. Pero ese defecto es también su fortaleza. Es similar a la palabra ‘Dios’, que es vacía en sí misma, pero que toma significado según el contexto o como se relaciona con otras cosas.

Al alma en relación con el cuerpo le gusta personificarse así misma, por ejemplo, como el Anima del que hablaba Jung, o como el daimón personal que Platón describió en el Mito de Er, quien regresa de entre los muertos al final de La República. Es distinta a la relación alma/espíritu, que es donde prefiero usar la palabra como la usaban los Neoplatónicos. Para ellos, el alma era todo un reino intermedio entre el mundo espiritual o inteligible (Nous) y nuestro propio mundo material, sensorial y familiar. Es el Anima Mundi, el Alma del Mundo, en la que habitan los daimones quienes nos conectan, como observó Sócrates, con los dioses.

Sin embargo, este reino colectivo omnipresente era paradójico: también podía manifestarse individualmente en almas individuales, en otras palabras, como nosotros. Dada que la principal facultad del alma no es la razón sino la imaginación, a esta le gusta imaginarse a si misma de diferentes formas, cambiando sus ropajes para adaptarse a los distintos tiempos. De este modo, se re-imagina como la propia Imaginación -un reino autónomo y poderoso, amado por los Románticos, que es de donde provenían todos los mitos- y ahora se re-imagina como el Inconsciente Colectivo de Jung. La Imaginación nos proporciona las raíces metafóricas para sus modernas reinvencións como el Espíritu de la Tierra Gaia o como el campo morfogenético de Sheldrake.

Pero, en otro sentido, el alma y el espíritu pueden entenderse como símbolos de las dos perspectivas principales de como vemos el mundo, las dos perspectivas que crean el mundo que vemos. Lo experimentamos como una tensión dentro de nosotros mismos entre el anhelo espiritual de El Uno, unión, pureza, luz, trascendencia, etc. y la necesidad imaginativa de reconocer lo Mucho, multiplicidad, enredo laberíntico, oscuridad, inmanencia, etc. Esto es porque, históricamente desde la Ilustración, la cultura occidental se ha enfatizado en elevar las ideas apolíneas ‘masculinas’ de la racionalidad y la ciencia que son las que predominan en la cultura actual, y he tratado de poner énfasis en que estas ideas niegan la perspectiva del ‘alma’, la cual es oscura, lunática,nos hace descender, es Hermética y Dionisíaca -la Vía Afirmativa del artista, que los místicos medievales usaron, en vez de su Vía Negativa, que menosprecia y busca superar las imágenes y los mitos que el alma, aunque no queramos, nos envía a acecharnos y de las que nos cuesta tanto librarnos cuando realizamos alguna disciplina espiritual. Los grandes ascensos del espíritu a los extraños reinos montañosos donde el Uno mora en una luz cegadora pueden interpretarse como una desastrosa negación, o incluso represión, de la ‘Nekiya’, el viaje del alma al inframundo cuyo paso es tortuoso y laberíntico, entre la oscuridad y muerte. Es por eso que, en lo que se refiere a cualquier tipo de Gnosis, prefiero el camino que toma el alma, el de muerte y resurrección, el doloroso desmembramiento iniciático del chamán, al camino que toma el espíritu, que es de castidad, y que trata de evitar el sufrimiento de la resurrección.

Prefiero, como dicía Jung, la integridad ante que la perfección. Esa sería la corta y dispersa respuesta a su pregunta.

Gyrus: Me sorprendió bastante saber que James Hillman había viajado extensamente por Asia y África ya que su trabajo está conscientemente enraizado y confinado a la tradición occidental. Usted está inmerso en la misma tradición, partiendo en la Grecia antigua, luego con los Neoplatónicos, los Románticos y la psicología profunda; pero también se toma la libertad de sacar conclusiones desde la antropología o desde las culturas tradicionales animistas. ¿Fueron las experiencias de sus viajes las que lo llevaron a tener estas influencias?

Patrick: En realidad apenas he viajado, mi daimón siempre me ha mantenido atado a mi escritorio, insistiendo en que viaje metafóricamente a través del mundo de la Imaginación en lugar de literalmente… Entonces, no. Mis influencias provienen todas de los libros. Pero una vez realice una incursión con un compañero en mi año sabático por África -cuando esta de moda ir a la India. Tenía diecisiete años. Dejó una profunda impresión en mi. Siempre me pregunté qué pasaba por la mente de los refugiados de Biafra, los aldeanos de Camerún o los masai o los bosquimanos o los etíopes, etc.

Aún tengo esperanzas de encontrar algún estudio perfecto de antropología, por decirlo de alguna forma, en que profundice en la mente de una cultura que sea completamente distinta a la mía; que empatice imaginativamente con alguna tribu en lugar de utilizar principios «científicos». Quiero decir, ¿cómo puedes confiar en un antropólogo que no puede estudiar la brujería correctamente porque él no cree en su posibilidad? Quiero que la antropología sea como las obras de Carlos Casteñeda o el ensayo de Benjamin Whorf sobre el lenguaje de los navajos o Henderson, el Rey de la lluvia de Saúl Bellow.

Gyrus: ¿Cómo impacta en su pensamiento los profundos problemas que se perciben en el enfoque «comparativo» de las religiones y los mitos, por ejemplo los de J.G. Frazer y Mircea Eliade? ¿Qué valores rescatables ve en los tantos estudios interculturales que se han hecho como del folcklore o del chamanismo, mas allá del peligro que conlleva basarse en los posibles errores que puedan tener esos enfoques?

Patrick: Una pregunta muy oportuna pero bastante difícil de responder. Me gusta la idea de que el enfoque sea «peligroso», a menudo es lo que los académicos suelen llamar «ideas que contradicen las suyas». ¿Quién está en peligro? Lo que es más peligroso es la presuposición moderna de que todas las culturas son aisladas y que se opacan entre sí, por lo que los estudios se limitan a detalles y minucias, sin ningún intento de hacer inferencias más amplias sobre cómo se pueden comparar las diferentes culturas, y si comparten o no una Humanidad en común.

Pero si crees que la humanidad está comunicada por una imaginación colectiva cuyos productos autónomos, los mitos, son, como dice Ted Hughes, «tan parecidos como las líneas en la palma de la mano», verás que ningún mito es realmente ajeno a nosotros, no importa lo extravagante que parezca a primera vista. Y si ningún mito es ajeno, ninguna cultura lo es. Y si los contenidos de los mitos parecen extraños, entonces el enfoque estructural de Lévi-Strauss ha sido muy útil en mostrarnos cómo la imaginación mitopoética obedece a ciertas reglas arquetípicas -por ejemplo, reglas de simetría e inversión- que iluminan los mitos al mostrarnos cómo una historia, que en apariencia es completamente diferente a de la otra, es de hecho una versión transformada de la misma historia. Así es como llegué a la idea de que los cuentos de la ciencia moderna sobre los agujeros negros o la materia oscura o el abismo del espacio, etc., son, de hecho, solo versiones literalizadas de aquellos mitos gnósticos que fueron suprimidos por el cristianismo ortodoxo hace más de 1500 años.

Entonces, aunque a veces me desespero por entender una sola cosa acerca de una cultura distinta, también me alegro de cuánta de esa cultura está disponible para mí a través de nuestro sustrato imaginativo colectivo. Incidentalmente, fue eso lo que elaboró la idea a la que llamo «realidad daimónica» -una versión de la «realidad psíquica» de Jung- que resultó ser la herramienta más útil para comprender esa relación con el mundo que los pueblos «tribales» parecen tener universalmente, y que nosotros los Occidentales solíamos tener: una realidad que se encuentra entre lo literal y lo metafórico, que tiene un pie en el Otro Mundo, que obedece a la «doble visión» de Blake (algo que comparten todos los artistas), que es participativa en lugar de objetiva, etc. Me llamaría animista si ese no fuera ya un término bastante insultante para aquellos que tiene una visión clara de cómo es todo, es animado y participativo de esa gran Alma del Mundo cuyas imágenes constituyen los ladrillos de la realidad que son la verdadera razón de este pobre mundo fenomenal nuestro. Y así es como la gente ‘tribal’ ve el mundo: son Neoplatonistas naturales.

Y, por supuesto, Eliade y otros pueden estar equivocado en ciertos detalles; pero el impulso es, sin duda, vigorizante y comprometido de una manera que la mayoría de los mitógrafos y antropólogos no lo está, sufrimos una pérdida del significado, incluso una pérdida del alma, como dicen los primitivos más avanzados, cuando carecemos de una visión global del mundo, de un sentido de imagen más grande en la que no se excluye ninguna cultura, ¿no? (Por cierto, Frazer era muy diferente que Eliade: literalizó el mito del «héroe solar» y trató de explicar la mayoría de los otros mitos recurriendo a este. En esto era más como un darwinista que un mitógrafo comparativo).

Si bien aprecio las ya agonizantes críticas pos-coloniales, pos-imperialistas y pos-modernas, no puedo interesarme realmente en ellas. Es un error, lo sé. Pero mis impulsos más profundos son religiosos, creo. Soy un cristiano, por ejemplo; pero no me gustan mucho los otros cristianos. Por eso me alegré tanto de encontrar a mi propia gente entre los Cristianos Neoplatonistas (¡que también son paganos!) como los alquimistas, los magos del Renacimiento, los poetas románticos. Una religión o perspectiva religiosa, a la vez cristiana y pagana, como la que mantuvieron ellos, parece justo lo que se necesita en nuestros tiempos de fundamentalismo cristiano y científico. Me gustaría propagarla más; pero, desafortunadamente, no puede ser sometida, por su naturaleza, a las herramientas de la propaganda, ya que es sutil, humorística, compleja, etc., y debe ser vista solo, como una broma o un sueño, para ser comprendida. Es lo opuesto al Fundamentalismo ya que ve la raíz metafórica o el mito que hay detrás de cada creencia, ¡incluso de sí misma!

Gyrus: No hay ningún indicio, al menos, de la necesidad «espiritual» unificadora, de buscar una «humanidad común» -¿Están las instituciones actuales, quizás por ironía, sirviendo al «alma» en su deseo de preservar las distinciones entre las distintas culturas, para poder enfatizan características particulares de culturas específicas, abogando así a una multiplicidad?

Patrick: Si. Y si.

Gyrus: En tu trabajo, haces comparaciones muy lúcidas y reveladoras entre las estructuras iniciáticas tribales y las experiencias modernas espontáneas, como las abducciones de ovnis. ¿Podrías contarnos un poco de estas asociaciones y qué te fascina de ellas?

Patrick: Sí, el Ataque de los Hombrecitos Grises. ¿No es un folklore interesante? Con todo lo que requiere para memorar y fabular, como dicen esos fastidiosos folkloristas en su jerga pseudo-científica…

Como cualquier persona fascinada por el «folklore UFO», me rompí el cráneo para poder encontrar alguna razón por la cual el 80% de todos los estadounidenses (al parecer en ese momento) estaban siendo secuestrados por «naves espaciales» circulares y uniformemente iluminadas para ser sometidos a sondeos bestiales por aquellos aterradores pequeños grises y sus, ahora icónicos, ojos negros (la portada del libro de Whitley Streiber [Comunión] aún me da escalofríos).

Una de las teorías que me causó gracia fue que eran los espíritus demoníacos de millones de fetos abortados que ¡se estaban vengando! Pero mas bien observé que lo más parecido a estas abducciones era la dolorosa iniciación que tenían los chamanes por parte de los daimones o, también, a la iniciación imitativa de los niños pubescentes de las tribus, que eran abducidos en la noche por ancianos enmascarados haciéndose pasar por daimones, estando expuestos en algunos casos a cicatrices permanentes o a una circuncisión, etc. También me llamó la atención un comentario de Jung: que el inconsciente nos muestra la cara que le mostramos. Y me pregunté si los «grises» nos estaban sondeando de una manera empírica sin corazón, parodiando la forma en que nosotros investigamos a la naturaleza.

De todos modos, no hay una «explicación» general para la epidemia de abduciones, pero creo que no es un problema que se debiera resolver, sino más bien un misterio al cual se pueda ingresar, de todas formas hice todo lo posible por encontrarle paralelos antropológicos y junguianos. Si bien me gustó lo último de John Mack, el profesor de Harvard que investigó las abduciones, no me gustó la forma en que su último libro parecía «trabajar» con los abducidos, hipnotizándolos, haciendo que los «grises» se convirtieran en una especie de presagio relativamente benigno de… Sí, lo adivinaste, la inminente crisis ecológica: por lo tanto, reprime de manera efectiva la idea de que, a menos que no encontremos nuevas formas de iniciarnos en el Otro Mundo, corremos el riesgo de ser iniciados a la fuerza, contra nuestra voluntad, por daimones que se han vuelto aparentemente demoníacos por culpa de que los hemos abandonados.

Gyrus: ¿Cuál es su ideal para rituales de iniciación más conscientes en nuestra sociedad, o cree que ahora la sociedad es muy compleja para poder manejarse de esa manera, y que las verdaderas iniciaciones debieran continuar siendo fenómenos emergentes?

Patrick: No me sorprendería que la necesidad de iniciación se vuelva un tema de urgencia. Después de todo, parece ser un requisito universal: no hay ninguna sociedad que no lo haga o que no le haya otorgado en algún momento la mayor de las importancias a la iniciación. Entonces, ahora que hemos abandonado los ritos formales, debemos pagar el precio: por ejemplo, un quiebre catastrófico de las relaciones con el Otro Mundo, o una falta de certeza entre los jóvenes sobre su identidad y su madurez.

Por suerte, la juventud tiene sus propios medios de autoiniciación: drogas, piercings, raves, “vacaciones” al mediterráneo, etc., y por supuesto que todas estas formas llegan a ser solo destructivas al no realizarse en un contexto sagrado, puesto que el dolor del ritual es seguido luego por revelaciones de secretos o mitos de la tribu. Creo que es probable que los niños se mantengan en una iniciación constante si la realidad de la TV sirve en forma de guía: por ejemplo, cualquier dificultad a la que sean inmersos en un contexto de significado con algún programa- Brat Camp, etc. – ellos responden de buena forma.

No puedo entender qué está haciendo la religión, al adoptar valores de cuidado seculares liberales donde todo debe ser confortable y cualquier indicio de sufrimiento deba ser medicado. El objetivo principal de la religión no debe ser proporcionar una cura para el sufrimiento sino, como dice Simone Weil, darle un uso sobrenatural. Sólo el sufrimiento puede proporcionar la profundidad energética necesaria para la autotransformación. (Por suerte, una vez más, a menudo hay bastante sufrimiento como para transformarnos en la vida cotidiana – enfermedad, desasosiego, infelicidad en el amor, lo que sea-, pero generalmente sirve cuando puede ser puesto al servicio de la iniciación).

Se que sueno un poco agresivo pero es que me enfurece la falta de significado, encanto o transformación que tienen que sufrir los jóvenes por culpa de nuestra cultura.

Gyrus: ¿Cuáles fueron sus más significativas iniciaciones en tu relación con la realidad daimónica?

Patrick: Bueno, como sabes, me criaron creyendo en el espiritualismo porque mi abuela era una médium de primera clase y mi madre una creyente que, donde vivía, siempre lograba encontrar un médium / curandero local para hablar con los muertos o curarnos de niños de nuestros malestares infantiles.

Mientras tanto, era muy consciente de los poderes psíquicos de mi padre, que él minimizó, e incluso negó, por haberse convertido en un hombre de negocios. Pero cuando el era joven vio a las hadas dos veces en su Irlanda natal, algo sorprendente porque mi padre era anglo-irlandés, hijo del rector de la Iglesia de Irlanda, que se suponía no podría ver o creer en los Sidhe.

Así que crecí con lo sobrenatural y, en lugar de olvidarlo o desecharlo una vez que estuve expuesto a la educación, siempre intenté encajarlo; y como última instancia significó llegar a escribir mi propio libro sobre el tema. Tuve la suerte en Cambridge de ser supervisado por el gran erudito de Shakespeare y Yeats, Tom Henn, que era otro anglo-irlandés. Él también creía en lo sobrenatural -experimentó el Pánico mientras pescaba en un arroyo en Galway, y escuchó el lamento de una banshee en un tren hacia Birmingham (su hermano murió en ese momento)- y me mostró extraños libros de la Orden Golden Dawn, en general me animó a usar mis creencias, como las que tenía Yeats, para dar sentido al mundo.

Sin embargo, mi verdadera iniciación no llegó hasta que me sumergí en la alquimia de mi libro, «Mercurius o el Matrimonio de Cielo y Tierra». Pensé que podría dominar la alquimia en tres meses, pero, tres años después, levanté mi cara medio manchada de lágrimas del veinte y tanto Manuscrito Latino que leía en la Biblioteca Británica y me di cuenta de que nunca lo «dominaría». Porque cada libro sobre alquimia necesariamente se convierte en un libro de alquimia, y sentía que la mano de Mercurius movía mi mano y lo que escribía no venía de mí. Sentí que el centro de mi voluntad cambiaba y que ya no era yo mismo. Esto, supongo, es el prerequisito central de la iniciación: el terrible desarraigo de la Musa, o daimon personal, o del yo, que te atrapa despiadadamente y usurpa al ego. A partir de ese momento, tuve una nueva enrevesada y hermética perspectiva sobre las cosas, desde la cual escribí Realidad Daimónica y El Fuego Secreto de los Filósofos.

Gyrus: Utilizando la linea de Jung , ¿qué ves como la Sombra de la tradición de la Alquimia y el Neoplatonismo al que te adhieres? ¿Cómo te relacionas con ello?

Patrick: Difícil pregunta. Puede que suene incoherente. No sé si la logre responder.

Quiero decir, que la alquimia y el Hermetismo Neoplatónico (si tal cosa existe) es en sí misma la turbulenta corriente subterránea mercurial que sombrea los canales ordenados de la religión y la razón, que brotan en tiempos de transición y crisis para formar el torrente de cultura que hemos llamado Renacimiento o Romanticismo. Es decir, en sí misma, la «filosofía perenne» que yo prefiero incluye su propia sombra, como el Nigredo de los alquimistas. Eso es parte de su gran atractivo: se preocupa por la integridad y por la realización de la totalidad de la psique; contiene las grandes fuerzas divisorias dentro de la vida psíquica, fuerzas que he llamado «alma» y «espíritu» (como también podría ser el concepto de Nietszche, Apolíneo y Dionisíaco) las mantiene en tensión para que no se reprima nada y no se forme ninguna sombra.

Me parece que Jung dijo que Cristo redimió a la Humanidad pero que dejó fuera a la Naturaleza, que aún gime y sufre. La naturaleza es, pues, la sombra del cristianismo. Era parte del propósito (inconsciente) de los alquimistas de completar el trabajo de redención al elevar la Naturaleza. Pero, en cierto sentido, esto no es más que poesía: hay algo redentor en toda la gran poesía, ¿no es así? La poesía, como la alquimia, no se limita a copiar la Naturaleza (como temía Platón), sino que (como dice Plotino) completa el trabajo del Creador al regresar al archaí o arquetipos originales que el Demiurgo investigó para crear el mundo.

El punto central de una filosofía daimónica (para decirlo de otra manera) es que no se adhiere a los brillantes efectos luminosos apolíneos del monoteísmo, como tampoco al racionalismo, ya que son intrínsecamente formadores de sombras, por ejemplo, siempre reprimen al alma dejándola en la más lejana oscuridad. Esta filosofía, más bien, opera en el crepúsculo de la locura, entre la luz y la oscuridad, donde la mitad es luz y la otra es sombra, por lo que el problema de «la sombra» no se resuelve sino que se disuelve por completo …

Lo siento, me he salido un poco de la idea central, si es que tenía una.

Gyrus: Entiendo la idea de que esta tradición oculta «contenga su propia sombra». Pero seguramente hay una sombra que se pierde en todo lo podamos llamar una «tradición». En la Alquimia o en el Neoplatonismo, me pregunto: las preocupaciones sociales, el compromiso con la política comunitaria, en fin, el mundo cotidiano y las necesidades mundanas de la gente común, ¿no está dejado de lado por la mayoría de los exponentes de la tradición? Quizás Blake logre acercarse a eso… Pero me parece que la moderna «escena» ocultista/hermética está terriblemente aislada de ello. Cuando observo el arco argumental de la obra de James Hillman, me parece que su comparativa del Anima Mundi con cosas como la arquitectura urbana o las preocupaciones medioambientales las realiza bastante tarde en su carrera, como que el «mundo real» fuera el último bastión. Por supuesto su argumento era Neoplatónico: que reprimimos la belleza y nuestro mundo sufre a causa de esto…

Patrick: Sí, entiendo tu punto de que siempre tenemos una sombra de alguna forma, en el caso de la tradición Neoplatónica sería el mundo cotidiano, etc. No lo sé, pero siempre me pareció que era algo que se incluía en su filosofía. Cuando lees la vida de Plotino escrita por Porfirio, no tienes la sensación de que estaba aislado del mundo o sentado, como los hinduistas, en silencio, en una arboleda sagrada, o viviendo en una torre de marfil institucional. Al contrario: como la mayoría de los místicos que valen la pena, parece haber estado incrustado en la vida misma, siendo tan pragmático como lo fuese Santa Teresa, quien logró una unión con su Deidad solo para salir del convento y encontrar muchas uniones más, en sus cartas puedes encontrar muchos consejos de sentido práctico y de cosas mundanas.

Me atrevo a decir que los períodos de retiro fueron necesarios para los grupos Herméticos, en sus etapas de desarrollo, como lo es para todos nosotros. Creo que se enfocaron en la inmanencia de Dios en el mundo, por lo tanto en el mundo ordinario mismo, más que en el mundo trascendental. Tenían ambas perspectivas, y mantenían esa contradicción en tensión por medio de la «doble visión» de Blake.

Por otro lado, sólo estoy especulando. Pero probablemente, como a menudo, tenga razón.

***


Patrick-Harpur


Fuente: https://dreamflesh.com/interview/animated-world-patrick-harpur/

Traducción : Bastian Maure

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